Una noche entre mis
sábanas blancas, dormía plácidamente con la diferencia de que tenía el sueño
más interesante de mi vida. Caminaba por un bosque a oscuras, impávida, sin
ilusiones… Hasta que de la nada vi luz, una maravillosa y electrizante silueta
cargada de magnetismo. Había surgido en medio de mi camino, puse mis miras en
el deseo de poseerlo, me atraía, me hacía sentir única. No me asusté a pesar
de que eran sensaciones desconocidas para mí.
Pasé la noche en una nube de
felicidad, de sentir. A tu lado reí como una infanta, bailé bajo las estrellas… Nunca antes en mi
vida había sentido despierta cada célula de mi cuerpo, estaban en perfecta
armonía con todo mi ser. Una brisa traviesa se coló por entre las cortinas, besándome la
mejilla, la misma brisa que alejó por el sendero a aquella luz que no regresó.
Sentada en mi cama, miré a través
de la ventana hacia el bosque… no me sentí triste, ni vacía. Supe que
existías ahí fuera, viniste a por mí y me regalaste una noche. Ahora iré a por
ti y te regalaré una vida.
Pasé años en un duro andar tras
de ti, nunca desistí, el recuerdo de aquel sueño lo tenía muy vivo en mí. Cada
vez me aferré más a ese sentir, cuando por circunstancias desfallecía mi cuerpo,
el saber que existías, me daba fuerzas para levantarme y seguir adelante. Mis éxitos
los disfruté y te los dediqué porque la felicidad con la que me bautizaste
aquella noche fue la musa de mis proyectos, de mis logros.
A veces me pregunto si ¿Algún día
te encontraré, si aquel efímero encuentro era lo único que tendríamos, si tu
misión era darme a conocer la felicidad, desterrar la oscuridad de mi vida y
llenarla de luz, dejando tras de ti una fugaz pero intensa estela? Ensimismada en mis propios pensamientos me adentré en el
bosque corriendo, en mi rutina matutina. Un “algo” a lo lejos llamó mi atención
y fui hasta allí.
A medida que me iba acercando, mi
corazón se agolpaba en el pecho ¿Magnetismo? Me sacudían emociones ya conocidas. Aun no distinguía lo que yacía en entre la maleza pero era como un
sueño vivido… Abriste los ojos, me miraste.
-Has tardado… Llevo mucho
esperando por ti. –Con una sonrisa encantadora, una que solo una noche vi, no tuve dudas… ¡Eras
tú!
Desde que supe que existes, mi
vida cambió, la llenaste de luz, de felicidad. Me crecieron alas con las que conocí el mundo en un perfecto vuelo. Me aferré a los incentivos que
me regalaste y viví a partir de ese momento a plenitud… Tenía aprendizajes que
adquirir y cadenas que romper… Te encontré en el momento justo, regresaste cuando estaba
preparada para amarte.
-Martha
Ferrás-
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